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Dan-son

 

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Dan-Son

El Dan-son es una pieza que originalmente fue escrita para danzonera, y su estructura inicial era aquella de los danzones tradicionales: un estribillo, una melodía, de nuevo el estribillo y un son montuno al final. Al momento de recibir el encargo de hacer una versión para chelos y percusiones de parte de Álvaro Bitrán, encontré oportuno darle más variedad rítmica a la composición, para lo cuál incluí un son cubano después del segundo estribillo y un son istmeño al final. Al hacer esto violé la estructura tradicional del danzón, y dado que se había convertido en una mezcla de danzón con son, lo nombré: Dan-son.
Para poder extraer de nueve chelos la variedad de sonidos que una danzonera ofrece, fue necesario ampliar la paleta de colores instrumentales al máximo y echar mano del registro completo del instrumento, bien conocido por su capacidad de cantar con las voces más diversas desde los pizzicatos graves de un bajo, hasta los gritos estridentes de las trompetas, pasando por la base armónica de los saxofones.

Esta pieza está dedicada a Álvaro Bitrán, en agradecimiento por su confianza y apoyo.

Empieza el danzón, se escucha sonoro el estribillo que convoca a los danzantes. Las parejas, tomadas del brazo, se dan cita a la pista desde las esquinas de la plaza, para empezar unísonas el paso del cuadrito a la señal del tema repetido. Durante la suave melodía, sacan brillo al tablado sus calzados elegantes, cuidándose de no derrochar espacio ni escatimar sensualidad…

Regresa el estribillo, y el mosaico de cuadritos se disipa entre damas de abanico y pañuelos de caballero. Tras codearse ocho compases, ellos retoman simultáneos la cintura, y ellas juntas reposan la mano al hombro. Reinicia entonces la coreografía de tacones perseguidos por charoles, que reposan cada once conteos su arrastre coordinado. Disimulado en coqueteo de efímeros parpadeos, entallan las suelas y ajustan la cintura al arribo del son cubano de pulso acelerado. Ya va siendo tiempo de pulir el repertorio, de lucir vistosos pasos fingiendo ignorar lucimientos ajenos…
Suena entonces el fortísimo son montuno de tempo veloz. A este ritmo el cuadrito se hace chiquitito, para no perder el paso ni comprometer el aliento. Es entonces que se sabe de qué cuero salen más correas, de qué materia están hechos los danzantes…

Ellos las pasean, las florean, las voltean, las columpian, las zigzaguean, cuidando nunca desoír la clave, ni bajar la barbilla, ni aflojar los codos… En tanto que ellas, ni les sonríen, ni les miran, ni les guiñan, guardándose de no contaminar la pureza del danzón con inapropiados flirteos evidentes…
Ya habrá tiempo de quitarse los tacones reposando colgantes las piernas del malecón, dormir al abanico en la bolsa y en el bolsillo al pañuelo, para recompensar los pacientes galanteos al abrigo discreto de un sombrero y el crepúsculo lunar…